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Vamos a Belén, ¿ “que mañana es fiesta y pasado también”?-Diario de viaje 10.
Posteado el 24 de Noviembre del 2010 a las 19:18 por admin

La imagen que tengo de Belén, antes de conocerla, es la de un lugar colorido en el que suena todo el tiempo  música navideña, como esa que te cantaban de chico mientras te hacían caballito "Vamos a Belén, que mañana es fiesta y pasado también".

Después de tantos días en Israel, toca ver la ciudad de la canción pero real y escuchar la otra campana. Vamos a Belén, entonces, invitados por la Autoridad Nacional Palestina.

Belén esta ahí nomás, es casi un barrio de Jerusalén. Pero los  9,5 Km. separan dos mundos.
Al llegar se pasan sucesivos controles policiales, hasta llegar al símbolo máximo del enfrentamiento entre palestinos e israelíes: nos encontramos a la vuelta de una esquina, en plena área urbana, con una pared descomunal de hormigón armado de entre 9 y 11 metros de altura, tachonada de torres de vigilancia y abierta solamente por puestos de control ("check points" les dicen acá) que revisan cuidadosamente a todos los que entran y (sobre todo) a los que salen de la zona palestina hacia la israelí.

(click para agrandar las fotos)
Ni bien pasamos el puesto de control del ejército, vemos un comité de bienvenida; dos autos y una camioneta cargadas de soldados con uniformes azules camuflados, impecables con sus boinas caladas hasta las orejas y sus banderas negras, blancas y verdes bordadas aquí y allá.

Los portavoces nos sacan a recorrer la pared, de inevitable parecido al muro de Berlín. Hasta las pintadas parecen calcadas.

Un comunista chileno, muy curtido para sus 28 años, de rostro rubicundo y barba candado, combatiente y en la mesa negociadora, nos habla de las humillaciones de los palestinos forzados a esperar y ser revisados una y mil veces, de las parturientas que a veces no llegan al hospital a tiempo por este motivo, y del caprichoso dibujo de serpiente que rige el diseño de las calles. Y digo caprichoso porque esta "cerca de seguridad" sale y entra en éste territorio, palestino indisputado, con imaginativas eses, eles, úes y enes que van aislando o integrando sectores de acuerdo a las "necesidades" del Estado de Israel.

Fayed, un colorido diputado de Al Fatah, el brazo político de la Organización de Liberación de Palestina de Yasser Arafat, nos cuenta  sus experiencias guerrilleras en Libia, España, Nicaragua, Cuba y tantos otros lugares, mientras nos lleva a la Iglesia de la Natividad, levantada en el punto en que nació Jesús.

En medio del despliegue de nuestra guardia pretoriana, rodeados de soldados, entramos al santuario (otra vez, como en el Calvario mezcla y división entre ortodoxos griegos, armenios y católicos).

A punto de entrar al lugar donde se conservan las reliquias más sagradas, escuchamos, de pronto, un abucheo generalizado. Por sobre el hombro de un soldado le pregunto a una yanqui rubia con rosario al cuello por qué está gritando "buuuuuuu".
"Por Ustedes" me dijo indignada. "Hace siete horas que espero, y Uds pasan directo. Esto es una iglesia, no debe haber VIP acá".

¡Qué vergüenza! Traté de decirle al jefe del operativo que teníamos que esperar como los demás. Me miró con cara de extrañado y por detrás otro ropero me metió de un empujón en la cripta. Resignado, me arrodillé en el lugar en donde Cristo nació y pedí perdón por mis pecados, en especial por haberme colado involuntariamente.
 


 

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